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El Futuro del Movimiento Feminista

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Photo by lucia on Unsplash

Han pasado 5 décadas desde el inicio del movimiento de liberación femenina que comenzó en los años 70s y que se extendió a diversas partes del mundo. Las protestas que vivimos durante el 2020 ponen en evidencia que la lucha no ha terminado. Día a día vemos incrementar la cifra de mujeres violentadas y asesinadas y presenciamos la aprobación de leyes que niegan nuestros derechos humanos. Frente a este escenario tan desesperanzador es normal preguntarse qué le depara el futuro al movimiento feminista y qué tipo de transformación social, cultural y política son necesarias para alcanzar su éxito. La respuesta a estas preguntas podría encontrarse en el campo de la psicología.

En psicología existe un concepto llamado crecimiento postraumático, el cual describe la transformación que algunas personas exhiben como resultado de ser víctimas o experimentar trauma. Esta teoría desarrollada por los psicólogos Richard Tedeschi y Lawrence Calhoun describe 4 etapas para la recuperación y el crecimiento postraumático. 1) Silencio: La persona que ha sufrido el trauma se encuentra en un estado de parálisis, aislamiento y confusión. 2) Reconocimiento del estado de víctima: La persona es capaz de revivir los eventos que ha experimentado. Esta es una etapa de duelo donde la víctima puede hablar de sus sentimientos, tales como vergüenza, impotencia y rabia. 3) Estado de sobreviviente: La persona empieza a reconocer que tiene capacidad de elección, recupera el sentimiento de agencia y retoma el control de sus acciones. 4) Crecimiento y trascendencia: La persona experimenta una mayor apreciación de la vida y mejor definición de prioridades, reconoce y desarrolla sus virtudes y fortalezas, percibe nuevas posibilidades, establece un propósito de vida y es capaz de formar nuevos lazos con otras personas.

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Photo by Kat J on Unsplash

Actualmente el movimiento feminista comparte muchas características de la etapa de reconocimiento de víctima. Durante este año hemos observado manifestaciones pacíficas y violentas en las cuales han participado todo tipo de feministas y de diversas partes del mundo. Aunque difieren en los detalles, estas manifestaciones tienen en común la necesidad de demostrar la ira y el hartazgo que deriva de la inacción de los gobiernos para garantizar nuestra seguridad y nuestros derechos humanos. Aunque el objetivo inmediato de estas manifestaciones es servir como motores de cambio, estos encuentros son necesarios para procesar nuestras emociones asociadas al estado de víctimas. Por esta razón, además de las protestas en las calles observamos un incremento en el número de encuentros femeninos y la creación de redes de apoyo mutuo. Estos espacios sirven una función esencial en el proceso de recuperación ya que nos permiten compartir nuestras historias y revivir los eventos de violencia o desigualdad que hemos experimentado.

Además de las manifestaciones en las calles, el movimiento feminista también ha dado lugar a nuevas discusiones a puerta cerrada y en los medios de comunicación. Estas conversaciones comienzan a enfocarse en las acciones futuras del feminismo y a preguntarse qué parte de la experiencia de las mujeres ya se encuentra bajo nuestro control. Como resultado de estas conversaciones presenciamos el inicio de una etapa autocrítica en el que surge la pregunta: ¿cómo hemos contribuido nosotras mismas a esta desigualdad?, o al menos ¿cómo es que la hemos normalizado? Una consecuencia de estas discusiones es el reconocimiento de nuestros sesgos implícitos y la contribución de nuestra inacción. Un ejemplo de sesgo implícito es cuando las mujeres ponen en duda a nivel subconsciente la masculinidad de un hombre por ganar menos dinero o por ejecutar un trabajo catalogado históricamente como femenino. Por otro lado, la inacción se presenta cuando callamos ante una injusticia y también cuando decidimos no involucrarnos en la toma de decisiones en nuestras comunidades. Esta autocrítica se realiza con el objetivo de recuperar nuestro sentido de agencia y control, por lo cual sugiere la gestación de una transición colectiva a la etapa de sobreviviente.

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Photo by Luke Carliff on Unsplash

Si la comparación del movimiento feminista con el proceso de crecimiento postraumático resulta pertinente, entonces es posible imaginar que en el futuro veremos más de las características de la etapa de crecimiento. Por supuesto, no todas las versiones del feminismo se encuentran en el mismo lugar ni todas las mujeres lo aproximan de igual manera. Por esta razón, es probable que estas similitudes primero sean evidentes a nivel individual y después se trasladen a nivel social. De cualquier manera, esta etapa aparenta estar cerca ya que algunas de sus características podrían ser consecuencia natural de los acontecimientos que hemos presenciado este año. Por ejemplo, al compartir nuestras experiencias de desigualdad y violencia, las mujeres podrían transformarse en una población más compasiva y sensible hacia la violación de los derechos humanos. Esta mayor sensibilidad podría verse reflejada en un deseo de ayudar no solamente a otras mujeres sino también a otras comunidades reprimidas. Asimismo, a consecuencia del proceso de autocrítica, las mujeres podríamos generar una capacidad de apreciación más profunda de nosotras mismas y del significado de ser mujer. Con esta nueva apreciación aprenderíamos a ser nuestras propias promotoras, dejando atrás el cliché de que las mujeres somos nuestras peores enemigas. Un gran logro en esta dirección sería la unificación de las distintas formas de feminismo, respetando por igual a las mujeres que desean continuar adoptando los modelos tradicionales femeninos y a aquellas que decidan rechazarlos.

Además, las mujeres podríamos comenzar a generar nuevos lazos, incluso con los hombres; si bien no todos quieren ser parte de la conversación que nosotras hemos iniciado, podríamos reconocer que existe un mayor número de hombres que también desean un cambio social que modifique los estereotipos femeninos y masculinos. Estos hombres están ansiosos por ser incluidos en el proceso de cambio y podrían ser nuestros aliados más fuertes. De mayor importancia es que descubriremos que somos una comunidad más fuerte y capaz de lo que pensábamos. Con este renovado sentimiento de agencia, un mayor número de mujeres serán capaces de expresar su opinión libremente y con confianza. Esta voz más fuerte e impregnada en la sociedad es necesaria para que la demanda existente hoy en día produzca cambios culturales. Finalmente, las mujeres podríamos empezar a adoptar mayores compromisos políticos y éticos. Sólo a través de la participación política de las mujeres podremos obtener justicia para aquellas que tanto la necesitan.

Los acontecimientos de hoy en día nos hacen pensar que hay un camino largo por recorrer para alcanzar los objetivos trazados hace 50 años. Por esta razón, ahora más que nunca es necesaria una visión positiva hacia el futuro. Como lo dijo la escritora Hellen Keller: el optimismo es la fe que conduce al logro. Nada puede hacerse sin esperanza ni confianza en nosotras mismas.

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Photo by Jude Infantini on Unsplash

Sara Tafoya is a young professional and mother. A biophysicist by training, a ceramist by heart, an aspiring author and a chocolate enthusiast. She spends her time thinking about biotechnology and art, singing lullabies and making sense of her life experiences.

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